Discusiones de pareja, ¿son malas?

Vivimos en una sociedad en la que nos han inculcado que los conflictos son malos y que no se debe discutir. O que las discusiones son síntoma de que algo va mal. Eso no es del todo cierto. Los conflictos no son ni buenos ni malos, simplemente son. Es decir, son algo necesario aunque puede ser desagradable afrontarlos.

Parece que si una pareja discute significa que la relación está en peligro, y en muchas ocasiones, no discutir es el síntoma alarmante. Como en todo en la vida, en las relaciones de pareja pasamos por etapas. Cuando compartimos con alguien un proyecto pasamos por distintos momentos, y van apareciendo distintas necesidades, que a veces son compartidas y otras veces no. Eso es algo irremediable, por muy bonito que sea el momento que estamos atravesando ahora con nuestra pareja, eso no es para siempre. No quiere decir que los siguientes momentos vayan a ser peores, sino que van a ser diferentes.

Entonces, ¿qué papel juegan las discusiones aquí? Pues uno muy importante, que es la capacidad de negociación en ese proyecto compartido. Es decir, son momentos en los que hay discrepancias, generalmente porque existen necesidades en cada uno de los miembros de la pareja diferentes. Cada uno se encarga de defender sus propias necesidades dando lugar a un tipo de crisis de pareja. ¿Cómo hacemos para gestionar esto de la mejor forma posible? En primer lugar, no culpándoos por discutir. No es malo, ¡es necesario! En segundo lugar, aprendiendo a discutir bien. Es decir, siendo constructivos, no destructivos. ¿Qué pasaría si una pareja no discute nunca? Pues que si nunca defendemos nuestras propias necesidades, acabaríamos haciendo lo que quieren los demás.

A veces por miedo al conflicto, o por falta de habilidades de comunicación, hay personas que se sienten incapaces de expresar como se sienten. Si esto continúa así, puede que llegue un momento que sienta que se ha convertido en un/a esclavo/a de la otra persona, ya que está a merced de las necesidades del otro. Esto a la larga puede dar lugar a que la persona se pierda a sí misma fusionándose con el otro, a vidas paralelas (una para contentar a la pareja y la otra para contentarse a sí mismo/a) o a una ruptura.

Algunos consejos que puedes seguir para que la discusión vaya lo mejor posible son:

  1. Tomate las cosas con calma. Si ves que te estás alterando demasiado y que la discusión puede comenzar a ser destructiva, es mejor que te tomes un momento para calmarte. Puedes irte a otra habitación, darte un paseo o hacer alguna actividad para distraerte. La ira no es eterna, igual que aparece también desaparece, por lo que espera a que haya desaparecido para retomar la discusión.
  2. Respetad turnos para hablar. La discusión surge normalmente porque cada uno tiene necesidades diferentes. Es importante escuchar cuál es la necesidad de cada uno, olvidarnos por un momento de la propia para escuchar atentamente que es lo que la otra persona nos está intentado decir. Es decir, ¡escuchar de verdad! Hasta que ambos mensajes no sea expresados con éxito la discusión no culmina.
  3. Habla desde ti mismo y desde tus emociones. Es decir, de como te sientes con determinada situación o de como te hace sentir un comportamiento concreto de la otra persona. Por ejemplo, “que me gastes bromas en público me hace sentir avergonzada/o”. En vez de utilizar expresiones más generales como “no me respetas” o comentarios acerca de como es la otra persona como “eres cruel”. El primer mensaje es fácil de entender y de asumir la responsabilidad. El segundo mensaje no es constructivo, ya que es muy poco probable que esa persona esté dispuesta a describirse como cruel o a asumir que no respeta nunca al otro.
  4. Finaliza la discusión. Si ya has conseguido expresar como te sientes y que la otra persona te haya entendido, y además, ya has conseguido entender a tu pareja, es posible que el problema ya se haya resuelto. Pero en algunas ocasiones no es así y la discrepancia sigue estando ahí. Por ejemplo, uno de los miembros quiere mudarse y el otro no. Ambos se han expresado y se han entendido y ahora llega el momento de la negociación. Es decir, que uno de los dos ceda en virtud del otro, que se tome en pareja una tercera decisión diferente a lo que proponía cada uno inicialmente (algo intermedio), o que ninguno de los dos esté dispuesto a ceder y que la pareja se rompa o se separe parcialmente al menos en ese aspecto del proyecto compartido. Aquí cada uno ha de ser fiel a sí mismo y ver hasta donde está dispuesto a ceder sus propias necesidades para satisfacer al proyecto compartido y ver si realmente compensa lo que pierdes individualmente por lo que puedas ganar en pareja.

¿Qué opinas de tus discusiones? ¿Crees que sigues estas pautas o cambiarías algo? Si te apetece compartirlo, ¡me encantará leerte!

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