Cómo superé mi adicción al tabaco sin morir en el intento ni matar a nadie

Después de bastante tiempo, puedo considerar que he superado mi adicción al tabaco y que la batalla interna se ha terminado o está lo suficientemente calmada como para sentir que el amor hacia mi misma ha ganado.

Desde hace mucho tiempo, escuché que los fumadores lo serán siempre, en activo o no, pero que una vez que tienes la adicción nunca más vuelves a ser un no fumador. Esto además de tener una explicación biológica, tiene una explicación psicológica. En este artículo compartiré algunas de mis reflexiones y experiencias personales a respecto.

En primer lugar, si estás leyendo esto, es muy probable que sea porque eres un fumador planteándote dejar el hábito o ex-fumador en busca de artículos que te convenzan de que no debes volver a fumar. Si ese es tu caso, te deseo toda la fuerza para superar las primeras etapas. Al final de este proceso de desintoxicación llegarás a ser libre del tabaco, dejarás de pensar todo el tiempo en las ganas que tienes de fumar y podrás disfrutar igual o más de las mismas cosas que antes.

Una cosa de la que me di cuenta, y que me ayudó a tomar la decisión, fue la respuesta a la siguiente pregunta: ¿Qué significa para mi el tabaco? Si puedes, antes de seguir leyendo, te recomiendo que te pares a pensar que responderías a esto.

En mi caso, el tabaco significaba mi momento de desconexión. Lo asociaba a la parte de mí más despreocupada, que no desea controlar todo. A esa parte que no piensa en el futuro tanto, sino más bien en el ahora. Al momento de terminar una actividad, tomarme un café, o sentarme con amigos en una terraza. Parecía que si dejaba de fumar tenía que estar siempre controlando todo, que no podía relajarme. Entonces, mi lucha contra el tabaco no era contra el tabaco en sí, ¡nadie se pelea con un cigarro! La lucha contra el tabaco estaba en mi interior. Era una lucha entre dos partes de mí, en adelante llamadas la “controladora” y la “despreocupada”.

Todos tenemos ciertas polaridades en aspectos de nuestra personalidad, y estas son muy útiles a veces. Cada persona tiene distintas polaridades, en distinta intensidad, y el conflicto interno que generan puede ser menor o mayor. ¿Y para que sirven? Sirven para poder dar respuesta a distintas necesidades que tenemos en distintos momentos, y que en ocasiones son incompatibles. Por ejemplo, a veces tenemos la necesidad de sacar un trabajo muy exigente adelante, y para ello, ser muy disciplinado o entregarte totalmente a la tarea puede ser útil porque te va a permitir cumplir con ello. Sin embargo, otras veces necesitamos descansar, disfrutar de amigos y familia y cuidarnos a nosotros mismos, y es por ello que a veces nuestra mente nos obliga a tomarnos un momento y a desconectar saliendo con amigos, haciendo deporte, viendo series, durmiendo, enganchándonos a alguna novela o haciendo lo que más nos guste hacer en nuestro tiempo libre. En este supuesto, es útil para una persona ser muy controladora para sacar adelante la tarea en determinados momentos y saber desconectar muy bien en otros. Si no tuviese la necesidad de sacar tanto trabajo adelante entregándose a tal nivel que no se está atendiendo a sí misma lo suficiente, probablemente no tendría la necesidad de desconectar tanto en otros momentos. En definitiva, ambas partes son importantes y complementarias. No hay una buena y otra mala, todas son buenas siempre y cuando estén en su justa medida y no nos maltraten.

Entonces, volviendo a la adicción al tabaco, en un momento dado me di cuenta de que era la “controladora” y la “despreocupada” las que tenían un asunto que resolver, ya que no están siendo útiles si realmente estaban ocasionando que me maltrate con un hábito malo para la salud, para los que me rodean, para mi economía, etc. Y decidí hacer una tregua, decidiendo que sobre todas las partes de mi personalidad, estaba que tenía que quererme a mí misma y no hacerme daño. Por lo que en un arrebato de amor a mí misma, y de necesidad de poner orden sobre “controladora” y “despreocupada”, sin pensarlo demasiado, decidí que no iba a seguir haciéndome eso. Y esa fue la idea que me mantuvo firme las siguientes semanas mientras superaba la adicción.

Los primeros días son los más duros con diferencia, y poco a poco la intensidad del síndrome de abstinencia va reduciéndose. Es en ese momento donde tuve que dar el poder a la “controladora” para ayudarme a aguantar los primeros momentos. Y eso sí, buscando ratitos de desconexión y permitiéndome ser despreocupada en otros aspectos. No te recomiendo querer ponerte a dieta, empezar a ir al gimnasio, hacer un voluntariado los sábados y dejar de fumar a la vez, ya que cada uno de estos cambios te van a requerir bastante control y si te pasas, es posible que seas incapaz de mantenerlo y que la “despreocupada” te diga que hasta aquí ha llegado y que vamos a caer con todo de nuevo ya que se siente demasiado incómoda. A medida que pasaba el tiempo, el control que tenía que ejercer se fue reduciendo y “controladora” y “despreocupada”, encontraron de nuevo el equilibrio dentro de mi vida.

¿Algunos trucos para poder superarlo? Pues desde que tomé conciencia con estas dos necesidades que tenía, y motivada en todo momento por querer tratarme bien, iba encontrando que era lo que mejor me sentaba para calmar mi ansiedad por el tabaco. Por ejemplo, un momento que me resultaba muy duro era ver que mis compañeros de trabajo salían a fumar un cigarro, algo que yo solía hacer con ellos, y que yo ahora me quedaba dentro muriéndome de ganas por salir. Pensé, ¿es el cigarro lo que hecho de menos? ¿O estar en el equipo de los fumadores? Y en realidad, no era el cigarro en sí, lo que echaba de menos era de nuevo a la “despreocupada” echando una canita al aire a media mañana después de unas horas de trabajo. Por lo que decidí que iba a seguir saliendo con los fumadores, ya que la ansiedad para mí era menor acompañándolos y charlando afuera que quedándome dentro pensando en lo desgraciada que soy.

Y seguí así, buscando la forma de pasarlo lo menos mal posible, y concentrando la mayor parte de mi energía en quererme a mi misma. Un día me di cuenta que ya había perdido la cuenta de los días y de los meses que llevaba sin fumar, y que ya era libre. Ahora puedo disfrutar a media mañana con mis compañeros, sentarme en una terraza con amigos, o tomarme un café disfrutando de cada cosa y sin echar de menos al tabaco. Y eso sí, queriéndome más y dañándome menos.

¿Y tú que piensas? ¿Estás preparado/a para quererte más y exigirte menos?

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